Raúl Roa

  En 1982, muere en La Habana el escritor, intelectual, profesor y diplomático cubano Raúl Roa, conocido como “El Canciller de la Dignidad”. Nació en La Habana, el 18 de abril de 1907.
 

por Fernando Martínez Heredia

Al pensar cómo Raúl Roa vivió el movimiento de las ideas durante casi 60 años, sus avances y sus vicisitudes, lo primero que se me ocurre es negar la creencia de que existe una evolución progresiva de las ideas. El avance de las ideas se puede detener incluso muy poco después de haber sido muy fuerte, y ellas pueden retroceder, quedar en suspenso, regresar más adelante en puntillas, o irrumpir de nuevo de manera inesperada.

Un ejemplo de esa realidad en Cuba fue que después de casi medio siglo de un movimiento de las ideas muy dinámico, alrededor de 1840 la clase dominante en la economía y el poder político debieron llegar a un tipo de entendimiento que exigió una forma de dominio sin brillos ni debates intelectuales, situación que duró casi 40 años.

A pesar de que en ese período sucedieron cambios importantes en otras áreas de la formación social de la isla, solo una revolución y una guerra trascendentes, en 1868-1878, pudieron abrirle paso otra vez al pensamiento social. Las ideas de la década de los años 80 tenían otras vías y mayor difusión y consumo, diferentes asuntos, maneras y base general. La historia es maestra, decían los antiguos, y Roa bebió mucho de ese magisterio.

Uno de los temas más atinentes para celebrarle a Raúl Roa su cumpleaños cien es el que se ha llamado del compromiso del intelectual; tema candente hace cuatro décadas, eclipsado en los años 90 y que hoy vuelve a ganar fuerza entre nosotros.

Roa lo vivió en dos etapas culminantes cubanas y universales del siglo XX: los años 20-30 y los años 60. Asumió ese compromiso durante la primera etapa, y ya nunca lo abandonó. Se mantuvo fiel a él, pero las condiciones sumamente diferentes que confrontó en la etapa intermedia le exigieron cambios fuertes y diversos dentro de la continuidad de su compromiso con el socialismo. A partir de 1959 volvieron a coincidir su compromiso y sus cualidades con la necesidad social, y entró ahora Roa ―seguramente con el júbilo de asistir a la gran victoria popular― en la segunda etapa de revoluciones del siglo. Pronto actuaría de manera muy destacada en ella, aunque ateniéndose también a sus particularidades.

Roa hizo autobiografía de su relación entre lo intelectual y lo político en numerosas ocasiones, a lo largo de su obra [1]. Como en todo joven revolucionario, su sensibilidad más que sus lecturas es lo decisivo para la adquisición del compromiso: se puede ir a escuchar el discurso arrebatado de Julio Antonio Mella, o irse al cine. Enseguida lo fortalecen en sus convicciones ser profesor en la Universidad Popular José Martí y alumno en la elitista, estudiar sin descanso el pensamiento social, leer literatura y poesía sin tasa, y pensar acerca de ellas, apasionarse por la justicia social.

El joven Roa es antimperialista, y aún más, es antiburgués. El año 1927 dará nuevo impulso a su actitud. Ante la crisis política provocada por el continuismo del gobierno de Machado, que acabó con la legitimidad de la primera república burguesa neocolonial, le toca a Roa recibir la influencia de lo más puro y avanzado del país en aquel momento: el Directorio Estudiantil contra la Prórroga de Poderes. Ese mismo año, Jorge Mañach y Rubén Martínez Villena, dos jóvenes intelectuales conocidos, dirimirán la cuestión del compromiso en una sonada polémica.

El joven, estudioso infatigable, fue a la vez un miembro activo de un cenáculo de estudiantes de izquierda hasta 1930, cuando tuvo la oportunidad de precipitarse o no a un evento social que es el más impactante de todos sobre un individuo, de alcanzar esa adultez de la cultura que es la rebeldía, de enrolarse en una revolución. Vivir la revolución no solo es muy sano para el desarrollo intelectual; cuando ella existe, resulta indispensable. Roa se entregó a la Revolución del 30, y puso en ella su cuerpo y su intelecto. Esos años de lucha y de prosa directas moldearon su personalidad, sus ideales y sus valores personales, y le dieron a su trabajo intelectual su contenido, su campo de reflexiones y su idea de la forma.

Recuerdo el afecto que sentía por aquella larga lista llamada “Libros pertenecientes al estudiante Raúl Roa García”, que elaboró un policía el día de la detención que lo llevó al Presidio, con sus sabrosos errores al escribir los apellidos de varios autores famosos. También recordaba el estudio colectivo que hacían en Isla de Pinos de Azúcar y población en las Antillas, la obra clásica de un gran historiador que en ese momento era un alto funcionario del tirano. Pero lo decisivo para él fueron las vivencias, las tareas, peligros y azares de la vida revolucionaria y sus exigencias de abnegación, valor y constancia, la indefensión y la soledad del preso político a pesar de los ideales compartidos, la vida terrible y la muerte horrorosa del sector más desvalido de la sociedad cubana, los presos comunes, el cultivo incluso del nuevo género literario de contarle las películas a los compañeros.

Fue —digo en el Prólogo a la nueva edición de Bufa subversiva― la aventura intelectual y física de un individuo en medio de una gigantesca conmoción social. 

Para el tema de hoy solo agregaré que los eventos de la revolución y los cambios espirituales que provocó convirtieron a Roa en un intelectual reconocido aunque fuera un rebelde, en una pluma apreciada a pesar de ser un comunista.

El saldo de la revolución para su militancia intelectual quizás pueda sintetizarse en una frase suya de fines de 1931, que expresa la conciencia que se acendraba en él, pero que podríamos llevar como divisa hoy y siempre: “El intelectual, por su condición de hombre dotado para ver más hondo y lejanamente que los demás, está obligado a hacer política”.

Las derrotas enseñan mucho, si uno no se convierte en un derrotado. La vida y la obra de Raúl Roa en los 20 años que siguieron a 1935 constituye un ejemplo extraordinario. No aprecio a la historia que reduce su ámbito al de las revoluciones, porque ni siquiera logra entender profundamente las revoluciones. Hay que estudiar y conocer los tiempos en que sucedieron los acuerdos o las transacciones entre los que fueron enemigos, las resistencias, los desvíos y deserciones, los cansancios, las protestas y rebeldías magníficas pero que no alcanzaron suficiente respaldo social, los retrocesos y lentas evoluciones, las acumulaciones.

En esos años Roa combinó el prestigio personal de que gozaba con las búsquedas afanosas de caminos, la defensa de la memoria y del significado histórico de la Revolución del 30, y la defensa de los ideales más radicales que contuvo, de justicia social, soberanía nacional y protagonismo del pueblo humilde.

Junto a una riquísima vida universitaria que fue el centro de su actividad, hizo periodismo en un número enorme de contribuciones publicadas en diarios o revistas, trabajos en los que reflexiona acerca de acontecimientos, pinta situaciones o hace crítica de corrientes de pensamiento y de sus cultivadores. En esta etapa madura el conjunto de su concepción y su posición. Roa fue uno de los intelectuales más sobresalientes entre aquellos marxistas y socialistas cubanos que eran independientes respecto al movimiento comunista durante la Segunda República, un grupo que espera todavía un reconocimiento como tal en la historia de nuestras ideas.

Un corolario importante de su posición era su negativa a participar en la política de partidos. Roa debe haberse preguntando, no sin algunos momentos de angustia, ¿cómo hacer política cuando no se cree en la política vigente? Su actuación como Director de Cultura del Ministerio de Educación en 1949-1951 es un hecho singular, de gran interés. Roa aceptó correr el riesgo de ser funcionario del gobierno de Carlos Prío Socarrás, a petición de un viejo compañero y amigo. Se puso todos los seguros y reservas que pudo, pero lo esencial fue la labor de promoción cultural que impulsó utilizando ese cargo.

La idea que gobernó su política fue llegar al fondo del país, a la gente común de las comunidades, amparar las manifestaciones intelectuales y artísticas de calidad que le fuera posible, y difundir mediante las publicaciones de la Dirección valores representativos y notables de la cultura cubana. Quiero recordar el libro Pluma en ristre (1950), de escritos de Pablo de la Torriente Brau, de repercusión paradigmática, porque inspiró a los jóvenes que podían leer libros ante la nueva etapa insurreccional de los años cincuenta [2].

Por segunda vez en la vida, la revolución tocó a la puerta de Roa. Esta vez estaba incomparablemente más preparado, por sus vivencias, análisis, experiencias y comprensiones. Pero también era hijo de una época y llevaba sus cargas, y ya tenía otra edad. En esta tercera etapa de su vida adulta recibió las encomiendas de trabajo que merecía, por sus enormes méritos, capacidades y virtudes, y supo corresponder a ello con una entrega total al proceso y la lucha cubana hasta el final de su vida, y con una de las actuaciones más destacadas entre los dirigentes de la Revolución.

El intelectual Roa estuvo al mismo tiempo muy activo y presente en innumerables iniciativas y tareas de promoción y avance de la cultura, desde el organismo que dirigía y en otros terrenos. Roa hizo discursos famosos ―sobre todo en foros internacionales―, dio una entrevista memorable, organizó muchos textos suyos y los publicó en volúmenes que fueron material obligado en la formación de muchos miles de jóvenes. Escribió siempre que pudo y publicó algunos libros; poco después de su muerte salió su biografía de Rubén Martínez Villena.

Sin embargo, el canciller Roa, dirigente político famoso en la revolución socialista de liberación nacional ―y también el Roa postrero, vicepresidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular― se abstuvo de brindar públicamente una parte de sus conocimientos y sus criterios, de aportarlos al debate de las ideas con la fuerza de su talento, su prestigio y sus experiencias. Esa abstención suya constituyó una actitud meditada, ejemplarmente militante, y fue una contribución suya a la unidad política y a los intereses estratégicos del proceso de liberación del que tanta conciencia tenía.

Cuando Roa falleció estábamos en medio de una etapa paradójica, en la que los avances extraordinarios que se alcanzaban en bienestar y en servicios sociales universales y gratuitos, el salto colosal en la escolarización de niños y jóvenes, logrado en el curso de una sola generación, poderes populares democráticos y un ordenamiento legal notable, no se correspondían con la situación del pensamiento social, que se había empobrecido y dogmatizado a un grado terrible y se había sujetado ideológicamente a una influencia extraña, ligado todo eso a deficiencias profundas de la vida nacional que no son del caso tratar aquí.

Veinticinco años después estamos en un momento positivo para el desarrollo del pensamiento y el conocimiento sociales, para que los problemas principales del país se vayan convirtiendo en objeto de debate y de atención prioritaria de las mayorías del país. Soy optimista, repito, pero no me estoy refiriendo a logros que ya tenemos, sino a una lucha apenas comenzada. Pero si logramos ese objetivo será mucho más abarcadora y profunda la unidad de los cubanos en su diversidad, dispondremos de más fuerzas que las que pueden palparse y medirse, y ejerceremos la única defensa eficaz del socialismo, que es profundizarlo y convertirlo en una creación de las mayorías.

Opino que la vida y la obra de Raúl Roa son una fuerza más, pero muy importante, entre las reservas y las lecciones que tenemos a nuestro alcance para guiar la militancia intelectual

Termino entonces con una oración extraída de un trabajo primerizo suyo, de brillantez y hondura inusitadas en un joven de 20 años, y también demasiado audaz, como se debe ser a esa edad. Dice Roa de José Martí algo que cabe enteramente decir de él, 80 años después: “Todo el que cumple ampliamente con su tiempo, lleva en sí una partícula de eternidad”.

Notas

[1] Por ejemplo, al inicio de sus libros. Ver la dedicatoria del primero (Bufa subversiva, 1935, Ediciones La Memoria, Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, La Habana, 2006, p. 7), o el “Liminar” del último (El fuego de la semilla en el surco, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1982).

[2] Compartió ese carácter inspirador con Crónicas de la Guerra. Las campañas de Maceo, de José Miró Argenter.

Tomado de La Jiribilla

Hace 150 años

Charles Darwin

El 1º de julio de 1858, los asistentes a una reunión de

la Sociedad Linneana de Londres conocieron detalles de la obra que en esos momentos desarrollaba el naturalista Charles Darwin. Su gran obra, “El Origen de las Especies”, en la que expuso sus ideas sobre la selección natural y la teoría de la evolución, no se publicaría hasta un año más tarde. A pesar del interés que la obra despertó desde la misma aparición del libro, la primera exposición de la teoría darwinista en 1858 atrajo poca atención.

La Sociedad Linneana, dedicada al estudio y la difusión de la taxonomía, es la más antigua de su tipo en el mundo. Aquel 1º de julio, los miembros de la sociedad presentes en la reunión leyeron estudios científicos sobre temas como la vegetación de Angola o un nuevo tipo registrado de melón. Y entre ellos, como uno más, se leyó el estudio de Darwin “Sobre la tendencia de las especies a formar variedades”. Muy poco antes de la reunión, Darwin había perdido a su hijo víctima de escarlatina y por esa razón no estuvo presente y otras personas procedieron a la lectura de su estudio. Entre papeles y palabras, en una larga reunión, las ideas darwinianas pasaron inadvertidas. Así, el aburrimiento y la confusión convirtieron lo que luego se denominó como el nacimiento de una nueva era del pensamiento humano en un evento nada especial y sí muy rutinario. Más tarde, Darwin recordaría la única crítica que se hizo de su trabajo expuesto en

la Sociedad Linneana.
Según el crítico, el trabajo del padre de

la Teoría de

la Evolución estaba errado en todas sus ideas originales, y sólo valía por aquello en lo que no rompía con los moldes tradicionales.
No sería hasta un año más tarde, con la publicación de “El origen de las especies mediante la selección natural o la conservación de las razas favorecidas en la lucha por la vida” que la teoría de la selección natural comenzara a revolucionar el mundo.

Y que se le llegara incluso a calificar en el campo científico como “la mejor idea de todos los tiempos”.

 

Allende combate en todas partes de la franja vertical de fuego coronario

por José Lezama Lima

La delicadeza de Salvador Allende lo convertirá siempre en un arquetipo de victoria americana. Con esa delicadeza llegó a la polis como triunfador, con ella supo morir. Este noble tipo humano buscaba la poesía, sabe de su presencia por la gravedad de su ausencia y de su ausencia por una mayor sutileza de las dos densidades que como balanzas rodean al hombre. Tuvo siempre extremo cuidado, en el riesgo del poder, de no irritar, de no desconcertar, de no zarandear. Y como tenía esos cuidados que revelaban la firmeza de su varonía, no pudo ser sorprendido.

Asumió la rectitud de su destino, desde su primera vocación hasta la arribada de la muerte. La parábola de su vida se hizo evidente y de una claridad diamantina, despertar una nueva alegría en la ciudad y enseñar que la muerte es la gran definición de la persona, la que la completa, como pensaban los pitagóricos.

Ellos creían que hasta que un hombre no moría, la totalidad de la persona no estaba lograda. El que ha entrado triunfante en la ciudad, sólo puede salir de ella por la evidencia del contorno que traza la muerte. Llevaba a su lado a Neruda, que era el que tenía las palabras bellas y radiantes para acompañarlo en su muerte, pero los dos morían al mismo tiempo. ¡Qué momento americano! El héroe y el canto se ocultaban momentáneamente, para reaparecer de nuevo en un recuperado cielo de creación.

Al desaparecer el héroe y la poesía, tenía que aparecer lo coral, la gran antifonía del pueblo. La raya vertical que es Chile, en el contraste de los mapas, se convierte en una gran raya ígnea y un gran fuego ha comenzado a soplar. El coro avanzará sobre las arpías y las furias desatadas de la reacción, como la primitiva hoguera que no se consumía. La misma naturaleza ya se muestra enemiga de aquellos que atentaron contra Allende. Los árboles en la medianoche prorrumpen en maldición. El carabinero siente el ramaje que con violencia se le pega en las costillas. Los Andes ruedan pelotas de trueno que asordan a los tiranuelos de cartón piedra. Por todas partes la naturaleza coopera con el hombre para rechazar a los encapuchados de la maldición.

Ya hemos dicho que el espacio americano es un espacio gnóstico, un espacio que conoce y que fija sus ojos, destruye la visión de los malvados. Existe desde luego el estado inmóvil, paleontológico que mira hacia la muerte infecunda, pero hay también la muerte creadora, que representa la muerte y la resurrección.

Ahora Allende combate en todas partes de la franja vertical de fuego coronario, atrae como un imán mágico y enseña a todos la fuerza irradiante de la suprema prueba del fuego y de la muerte. Él entrará de nuevo, no en la ciudad de ahora sino en los citraedo y los jóvenes que saltan como jaguares por encima del fuego. Está en todas partes como la mejor compañía, luchador absoluto y sus amistosos designios como la libertad.

Como en las grandes construcciones donde el número de oro que daba las proporciones de la armonía, traza la melodía de la arquitectura, de la misma manera ciertas vidas, como la de Allende, están regidas en su parábola y en su muerte por el número de oro. Un secreto cánon que les da su misterio y su cumplimiento. Tanto en su vida como en su muerte bullen las más seleccionadas fuerzas generadoras. Al morir ya está a su lado el nuevo retoño del grano de trigo.

25 de abril de 1974

Tomado de La Jiribilla

Palabras

“Todos los días la gente se arregla el cabello, ¿por qué no el corazón?.”

Ernesto Guevara

Caso de los 5

Un panel de tres jueces del Onceno Circuito de Apelaciones de Atlanta ratificó este miércoles los veredictos de culpabilidad de los Cinco antiterroristas cubanos, prisioneros en cárceles de Estados Unidos desde 1998, y anuló las sentencias de tres de ellos que deberán ser sentenciados nuevamente en Miami.
Se  ratificaron a su vez las sentencias de René González (15 años) y Gerardo Hernández (dos cadenas perpetuas más 15 años). En este último caso la decisión del panel fue 2-1. En una opinión de 16 páginas  la jueza Phyllis Kravitch afirma que el Gobierno no había presentado evidencias suficientes para probar que Gerardo era culpable del Cargo de Conspiración para cometer asesinato.
Los casos de Ramón Labañino (cadena perpetua más 18 años), Fernando González (19 años) y Antonio Guerrero (cadena perpetua más 10 años) fueron enviados para que la jueza del Tribunal de la Florida proceda a re-sentenciarlos.
Será la jueza Joan Lenard quien deba convocar una audiencia para emitir el próximo fallo. Lenard fue quien dictó en el 2001 las desproporcionadas condenas impuestas a los Cinco.
La decisión de 99 páginas de la Corte de Atlanta, redactada con un lenguaje politizado ajeno a un texto legal que favorece explícitamente la posición del gobierno, dictaminó que “carecían de mérito” los argumentos de la defensa referidos a los cargos en apelación. 

Entrevista a Leonard Weinglass, 5 de junio 2008
 

Periodista.-  Weinglass  ayúdenos a entender ¿Qué dicen en síntesis las 99 páginas del fallo de la Corte de Apelaciones de Atlanta?
Leonard Weinglass.-  Lo que significan, en breve, es que las cadenas perpetuas de dos, las de Antonio y de Ramón, fueron quitadas y hay un programa para su resentencia nuevamente en Miami ante la jueza Lenard. La sentencia de Fernando va a reducirse.
Periodista.-  Pero Ramón y Antonio tienen cargos diferentes de Fernando.  ¿Qué significa que sean devueltos los tres a Miami y qué podría esperarse?
Leonard Weinglass.-  Cuando fueron arrestados los Cinco en 1998, el Pentágono y el Ministerio de Justicia hicieron una declaración diciendo que la seguridad nacional de Estados Unidos no había sido dañada.  Ahora, después de estar 10 años en prisión, tenemos una afirmación por una corte de alto nivel de que no hubo espionaje y que ninguna información muy secreta había sido obtenida ni trasmitida.
Eso lo encontró así la Corte, y aun así regresan a una sentencia y no estamos seguros de cuál sería la nueva sentencia; pero no sería, en este caso, cadena perpetua, y ellos pudieran, incluso, regresar a casa.
Periodista.-  .-  ¿Por qué Gerardo no está incluido en esa revisión?
Leonard Weinglass.-  El caso de Gerardo era el caso más fácil, de acuerdo con todos los abogados, y pudo haber sido retirado. Sin embargo, aunque su caso es fácil desde el punto de vista legal, desde el punto de vista político es el caso más difícil, debido al clima político existente en Miami.  La Corte no tuvo el coraje de dejar a un lado una condena por conspiración para cometer asesinato cuando cuatro
residentes de Miami fueron las víctimas.
Periodista.- l hecho de que la Corte de Apelaciones de Atlanta haya decidido reenviar a Miami, en el caso de Ramón, de Fernando y de Antonio, significa que se exageraron las condenas, ya eso es una prueba de mala conducta, ¿no es absurdo entonces que se le devuelva a
la propia jueza que impuso esas condenas tan elevadas?
Leonard Weinglass.-  Es desafortunado.
En esta decisión de 99 páginas, encuentran que la jueza Lenard cometió errores al sentenciar a Fernando; cometió errores al sentenciar a Antonio; cometió errores al sentenciar a Ramón; cometió errores en las instrucciones que le dio al jurado sobre Gerardo, y, de acuerdo con dos de nuestros tres jueces, cometió errores al negar el cambio de sede.
A pesar de estos seis o siete errores serios, la Corte devuelve el caso a la jueza Lenard.
Periodista.-    ¿Qué recursos judiciales quedan?
Leonard Weinglass.-  Sí tenemos aún recursos disponibles.  En primer lugar, podemos, inmediatamente, el 24 de junio, pedirles a estos tres jueces que reconsideren su decisión a la luz de muchos de los errores que cometieron en esta decisión que dieron, y vamos a hacer eso.
Si ellos no reconsideran este razonamiento, entonces tenemos el derecho de ir a la Corte Suprema de Estados Unidos para reconsiderar todos o algunos de los asuntos que hemos presentado, incluyendo la sede, la mala conducta de la Fiscalía, la insuficiencia de la evidencia en contra de Gerardo y otros asuntos que esta Corte ha decidido, incluyendo el uso de un procedimiento secreto en contra de los Cinco entre la jueza y la Fiscalía, y también de mantener evidencias secretas, que pudieron haber sido entregadas a la defensa.
Periodista.-  Si tuviera que decir en una frase qué opinión le merece este fallo del 4 de junio…
Leonard Weinglass.-  Al menos, Gerardo debió haber sido liberado de todas las condenas y todas las cadenas  perpetuas debieron  haber sido revocadas.
O sea, ganamos una parte pequeña del caso en estos momentos, pero el asunto de la sede está aún vivo y lo vamos a presentar nuevamente ante la Corte Suprema, y, afortunadamente, vamos a comenzar el trabajo de
base para que los Cinco regresen a casa.
Estamos preparados para seguir luchando y, con suerte vamos a lograrlo, como lo hicimos anteriormente, y como vamos a hacerlo y debemos hacerlo en el futuro.
Nosotros ganamos la revocación de las cadenas perpetuas, y esto es una victoria bastante significativa; pero estamos, realmente, muy defraudados al  no haber ganado la parte más débil del caso que presentó la Fiscalía, y debíamos haberla ganado.
Periodista.-  Que es el cargo tres, ¿no?
Leonard Weinglass.-  Sí, el cargo tres.  Cualquier abogado que revise ese cargo, incluyendo a los fiscales, han concluido que no se pudo haber hecho una condena sobre la base de la evidencia que se presentó; y uno de los jueces escribió una opinión de 16 páginas, y muy claramente y de una forma muy fuerte dijo que Gerardo no era culpable de esos cargos.  Esta es una declaración fuerte y poco usual, por una
jueza de 85 años, que ha sido una jueza federal de apelaciones casi un cuarto de siglo.
Este es un acto o una acción histórica realizada por una jueza, incluso, en el cargo que incluye la conspiración para cometer
asesinato, que, incluso, su posición es por debajo de la Corte
Suprema; ella es una de las líderes más reconocidas del sistema de tribunales en Estados Unidos.
Periodista.-  Esa es la jueza Kravitch.
Leonard Weinglass.-  Sí, Kravitch.
Ella fue nombrada por Carter, un hombre que cree más en los derechos humanos que muchos de los otros líderes nacionales.  Él la escogió de una corte o un tribunal muy pequeño, en Georgia donde ella practicaba el derecho, a pesar de haberse graduado por encima de sus compañeros
de clases, en uno de los colegios de derecho más prestigiosos en Estados Unidos; pero ella no encontraba trabajo en ninguna firma de abogados grande porque era mujer.  Entonces, ella entiende claramente el precio que las personas tienen que pagar cuando son víctimas de un
prejuicio, y creo que ella aporta esto a su trabajo como jueza.

Periodista.- Muchas Gracias

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